Por Marcelo Capello

     
La economía Argentina: Restricciones, oportunidades y posibles escenarios

La inflación achica el consumo masivo, mientras que la compra de autos impulsa parte de la economía. El desarrollo de productos de alto valor agregado es un factor determinante del futuro macroeconómico

Durante la primera mitad de 2013, las principales variables de la economía mostraron una mejoría, ya sea creciendo más o cayendo menos, que durante el año 2012. La construcción muestra una leve reactivación luego del cierre negativo del año pasado, en particular el consumo de cemento que durante enero-junio de este año lleva acumulado un crecimiento del 6,2 por ciento respecto al mismo periodo del año anterior. Mientras tanto, el índice elaborado por el Grupo Construya que sintetiza las principales variables de actividad del sector, muestra un aumento del 6 por ciento durante el mismo periodo, impulsado particularmente por el crecimiento del 11 por ciento en el mes de junio.

En el caso de los automóviles, el sector estrella de la recuperación 2013, acumula un crecimiento del 19,7 por ciento en ventas al mercado interno, si se compara con el primer semestre de 2012, en el cual se verificaba una caída del 4,7 por ciento. Este sector está siendo impulsado en buena medida por el cepo cambiario, el financiamiento en pesos y la recuperación del mercado brasileño.

Según INDEC, la economía lleva acumulado hasta abril un crecimiento del 4,3 por ciento anual, mientras que consultoras privadas sitúan el crecimiento en el primer semestre en alrededor del 2,8 por ciento. Por otro lado, la reactivación de la industria se refleja en los índices tanto oficiales como privados, ya que de caer un 1,3 por ciento en el periodo enero-mayo de 2012, muestra un crecimiento de entre 0,7 por ciento (INDEC) y 1,1 por ciento (Ferreres y Asoc.) en 2013.

En otros sectores y rubros, en cambio, no siempre hay buenas noticias, como en el caso del consumo masivo, que se está viendo afectado por el estancamiento o caída del poder adquisitivo de los salarios, producto de la inflación. El consumo en supermercados, medido en términos reales, es decir, descontando el efecto de la inflación, muestra un crecimiento en los primeros cinco meses de 2013 de apenas 0,3 por ciento. Este dato se torna más relevante, si se compara con el aumento del 2,3 por ciento que se evidenciaba para este mismo período del año pasado. Este lento repunte podría en alguna medida acelerarse a partir del cierre de paritarias en distintos gremios en mayo-junio, cuyo efecto se ha empezado a sentir en ese último mes, con un crecimiento del 4 por ciento respecto al mismo mes de 2012.

Dos variables que se presentan como claves para el crecimiento de largo plazo, como son  exportaciones e inversión, muestran en el primer caso una leve mejoría respecto al año anterior, con una suba del 3 por ciento, mientras que la segunda parece acelerar su recuperación en abril y mayo, alcanzando un crecimiento del 5 por ciento en los primeros cinco meses del año, aunque sin llegar aún a los guarismos de 2011.

La recuperación económica, junto a un tipo de cambio real bajo, y el aumento en la compra externa de combustibles, derivó en un fuerte crecimiento de las importaciones, del 13 por ciento en lo que va del año, superando en ritmo a las exportaciones, y por ende debilitando el superávit comercial.

Las razones que están detrás de la recuperación de la actividad en 2013 son principalmente exógenas, tales como el crecimiento positivo evidenciado por Brasil y el mundo, especialmente emergente, y los elevados valores de la cosecha gruesa, principal generador de divisas para el país.

En el caso de Brasil, si bien en 2013 crece menos que lo que se esperaba a fines de 2012, crece más que durante el año pasado, en que prácticamente estuvo estancado. La producción industrial creció en el primer cuatrimestre un 1,6 por ciento anual, y la actividad general un 3,2 por ciento.

El desempeño de la economía brasileña es clave particularmente para el sector automotor, ya que ese mercado absorbe el 77 por ciento de las exportaciones argentinas. En este sentido las exportaciones de autos han tenido un crecimiento récord, llegando a resultar del 73 por ciento en mayo de 2013, aunque se debe tener en cuenta que dicho guarismo surge de la comparación interanual respecto al mismo periodo de 2012, mes en el cual la industria automotriz llevaba acumulada una caída del 26 por ciento en sus exportaciones.

Sin embargo, este sector es un caso particular, ya que si bien su producción acumulada a junio de este año muestra un crecimiento de casi 19 por ciento, tal buen desempeño tiene una contracara negativa en la balanza comercial. Debido al alto componente de insumos y materiales importados de esta cadena, la expansión del sector trae aparejada una reducción del superávit comercial.

Si bien los automóviles han sido el gran impulsor de las exportaciones de origen industrial, las cuales han crecido un 4,5 por ciento en el período enero-mayo, el rubro de mayor expansión fue el de los productos primarios, con un 20 por ciento. Esto se ha dado no sólo por un aumento de las toneladas cosechadas, que mostraron un crecimiento del 12,4 por ciento respecto a la campaña 2011/2012, sino también por los buenos precios internacionales comparados con 2012, logrando así un aumento en el valor total de la cosecha del 13,8 por ciento.


¿Es sustentable la política macroeconómica?

Más allá de la recuperación en el nivel de actividad, existen ciertos comportamientos y trayectorias en la economía local que no deben ser descuidados. El primero de ellos es la expansión del gasto público, que en 2013 está creciendo alrededor del 30 por ciento interanual,  financiado con una presión tributaria récord, y con emisión monetaria, avivando una inflación que se ubica en un andarivel del 25 por ciento anual. Esto genera deterioro en el poder adquisitivo de los salarios, lo cual será más evidente una vez que cese el efecto de los aumentos acordados en paritarias.

Por otra parte, el tipo de cambio real se ubica en un nivel bajo para cualquier comparación histórica, similar al existente a fines de la Convertibilidad, lo que resta competitividad a las exportaciones argentinas y a los que compiten con importaciones, y genera un drenaje de reservas que intenta ser compensado con medidas de corto plazo, como la restricciones a las importaciones o a la compra de divisas (el “cepo”).

Todos estos factores  están restringiendo el crecimiento de la economía y eso ya se comienza a materializar en términos de empleo, con subas cada vez menores en los puestos de trabajo e incluso con variaciones negativas en el caso de los trabajadores formales de determinados sectores, como comercio o construcción.

Por las razones apuntadas, Argentina tiene en 2013 la oportunidad de volver a crecer, pero para sacar el máximo provecho a estas condiciones favorables, deberían efectuarse a futuro cambios necesarios en determinadas decisiones, para evitar aumentar las tensiones en las variables desalineadas de la economía, por ende aumentando los costos de las posibles correcciones.

Por los motivos mencionados, las expectativas de los agentes económicos se encuentran focalizadas en cómo actuará el gobierno tras las elecciones de octubre. El escenario más adecuado para las condiciones actuales de la economía, sería el de corrección de las variables que están generando un efecto adverso al crecimiento, como inflación, tipo de cambio o política energética. No obstante, lo más probable luego de las elecciones es que el actual gobierno, en especial si no tiene posibilidades de mantener el poder en 2015, intente llegar a ese momento sin realizar cambios sustanciales en la política económica. En ese caso, el riesgo devendría de las tensiones que acumularían ciertas variables que se hallan fuertemente desalineadas, y cómo eso afecta las decisiones económicas públicas y privadas.


La Argentina de las oportunidades futuras

Si hiciéramos un análisis a más largo plazo, deberíamos primero admitir que las economías más exitosas a nivel mundial han basado sus estrategias de crecimiento en la expansión de las exportaciones. En este sentido, Argentina actualmente exporta productos de bajo valor agregado, como lo son los productos agrícolas e importa en gran medida productos industrializados, de mayor valor agregado. En el año 2011, el valor promedio de las exportaciones argentinas por tonelada era de 821 dólares, mientras que las importaciones ascendían hasta los 1919 dólares por tonelada.

A futuro, Argentina debe privilegiar y fortalecer su estrategia exportadora, en particular para los sectores en que tiene mayores ventajas, como los alimentos con alto valor agregado. Es decir, exportar menos productos primarios sin procesar, para pasar a ser un proveedor mundial de alimentos procesados. Tal oportunidad se halla aún intacta, dado el crecimiento demográfico observado y esperado a nivel mundial, el aumento de los ingresos en países emergentes y, por lo tanto, del poder adquisitivo de la población de dichos países.

Actualmente Argentina exporta alrededor del 60 por ciento de su producción de maíz y trigo como grano. Si tomamos este ejemplo, exportar 1000 toneladas de granos genera entre uno y dos puestos de trabajo. En cambio, exportar esas mismas toneladas pero transformadas en carne, puede llegar a generar hasta 15 empleos en el caso de la cadena aviar.

Por esos motivos la estrategia a largo plazo del país debiera ser desarrollar sus cadenas de valor más competitivas, con alto valor agregado, no solo alimenticias sino también otras en que muestra potencial de crecimiento, generación de empleo y mercados internacionales. Para ello debe generar condiciones favorables al desarrollo de dichas cadenas productivas, llevando a cabo una estrategia inteligente de acuerdos comerciales que permitan acceder a nuevos mercados externos, así como invertir en la infraestructura necesaria para el desarrollo de las cadenas de valor, en particular para las que se encuentran en regiones apartadas del interior del país. Desde el punto de vista macroeconómico, existen también desafíos a largo plazo, tales como preservar una estructura de precios relativos que incentive la inserción en los mercados externos, sin necesariamente perjudicar al desarrollo del mercado interno. Esto se logra no sólo con precios relativos favorables para la competitividad de nuestros productos, sino también con estabilidad de precios, planificación a largo plazo y la sostenibilidad de los acuerdos comerciales y mercados conquistados.

Hoy Argentina tiene la oportunidad de crecer de manera sostenible e inclusiva, generando empleos de calidad y productos competitivos. Sin embargo, esto es solo posible con políticas de Estado estables y no subordinadas a la política de corto plazo, que permitan apuntar a una constante y creciente reducción de la pobreza con una firme base productivo-exportadora.

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Edición Nº 14