Por Carlos López

     
Finanzas conductuales

Cómo los inversores pueden verse inducidos a tomar malas decisiones por factores psicológicos propios.

El matemático P.G. Lejeune-Dirichlet no era muy partidario de escribir cartas. Se cuenta que una de las pocas veces que escribió alguna misiva fue en el nacimiento de su primer hijo. Dirichlet envió un telegrama a su suegro con el mensaje siguiente: 1 + 1 = 3.

Como veis, para él la familia más que personas eran números, lo mismo que les ocurre a muchos en inversión. La mayoría de la gente piensa que invertir es un juego de números, pero tiene mucho más que ver con la gente que con las cifras. Como respuesta a este hecho, las finanzas conductuales han surgido para analizar en qué medida influyen las personas en los maleables números que forman el mercado. Sus descubrimientos han sido bastante esclarecedores. Una observación común que han demostrado es que los inversores, aunque actúen con sus mejores intenciones, con frecuencia son sus peores enemigos. Hoy vamos a analizar algunos de los errores psicológicos que afectan a los inversores a largo plazo.

Si el mercado es eficiente, ¿por qué se producen las burbujas? ¿Por qué las estrategias de inversión mecánica de pronto fallan? ¿Por qué es todo tan impredecible? Básicamente todo se podría reducir a una variable: El factor humano que descarta un mercado perfectamente eficiente y agrava cualquier sorpresa. Veamos unos ejemplos.


Cuidado con la fijación


Los mercados se vuelven volátiles cuando los inversores derrochan dinero basándose meramente en unas pocas cifras de los estados financieros y las predicciones de los analistas, sin saber realmente lo que representan esos números. Esto se denomina “fijación” y hace referencia a centrarse en un detalle a costa de todos los demás. Imaginemos que apostamos en un combate de boxeo y elegimos al boxeador simplemente teniendo en cuenta cuál ha dado más puñetazos en sus últimos cinco combates. Puedes salir bien eligiendo el boxeador estadísticamente más ocupado, pero el boxeador con menos puñetazos puede haber ganado cinco en la primera ronda por KO. Claramente, cualquier métrica puede carecer de significado cuando se saca de contexto. Si consideramos que todo está en los números, entonces tendremos que reaccionar rápidamente ante cualquier cambio en ellos para proteger nuestros beneficios. Esto puede provocar que si una empresa no llega a las estimaciones de beneficios de los analistas, caiga bruscamente en bolsa. Lo que no cambia es la empresa que subyace a la acción. La volatilidad a corto plazo en la bolsa no debería afectar a las operaciones de las sociedades. Por ejemplo, Zara no deja de hacer ropa cuando las acciones de Inditex bajan.


Creer que el pasado es igual que el futuro


Cuando los inversores empiezan a creer que el pasado es igual que el futuro, actúan como si no hubiera incertidumbre en el mercado. Lamentablemente, la incertidumbre nunca se desvanece. Siempre habrá altibajos, acciones sobrecalentadas, burbujas, miniburbujas, pérdidas en todo un sector, venta de bonos o acciones provocada por una inminente bajada de precios en Asia y otros acontecimientos inesperados del mercado. Creer que el pasado predice el futuro es una señal de exceso de confianza. Cuando bastantes inversores están demasiado seguros de sí mismos, se dan las condiciones de la famosa exuberancia irracional de Greenspan, en la que el exceso de confianza del inversor bombea el mercado hasta un punto en el que una enorme corrección es inevitable. Los inversores que se llevan la peor parte, los que siguen en pie justo antes de la corrección, son los que tienen exceso de confianza y están seguros de que el mercado alcista durará por siempre. Creer que un mercado alcista no se volverá en contra nuestra es un camino seguro para que nos embistan.


Predisposición autoconveniente


Del mismo estilo que el exceso de confianza, es la predisposición autoconveniente. Se produce cuando los inversores enseguida se atribuyen el mérito de las ganancias de una cartera, y rápidamente culpan de las pérdidas a factores externos como las fuerzas del mercado, Lehman Brothers, Zapatero, Rajoy o el Bank of China. Muy parecido a un jugador que culpa al árbitro por una derrota, la predisposición autoconveniente ayuda a los inversores a evitar la responsabilidad. Aunque uno se pueda sentir mejor siguiendo esta predisposición, nos estaremos engañando a nosotros mismos y perdiendo una valiosa oportunidad para mejorar nuestra inteligencia inversora. Si nunca nos hemos equivocado en el mercado, nunca tendremos razones para desarrollar mejores habilidades inversoras y los rendimientos lo reflejarán.


Efecto de pseudo certidumbre


Los inversores tienden a evitar el riesgo cuando sus carteras están rindiendo bien y buscan riesgo cuando sus carteras luchan por mantenerse a flote y no necesitan más exposición a posibles pérdidas. Esto se debe en gran medida a la mentalidad de recuperarlo todo. Los inversores están dispuestos a subir la apuesta para recuperar capital, pero no para generar más capital. ¿Cuánto podría sobrevivir un piloto de carreras si sólo utilizase sus frenos cuando está en cabeza?


Y más, y más, y más…


Esto es sólo un pequeño ejemplo de la enorme lista de sesgos cognitivos que de alguna manera nos afectan a la hora de mover nuestro dinero. La lista es enorme y le dejo un resumen breve de algunos más:

•    Efecto Bandwagon o efecto de arrastre: tendencia a hacer (o creer) en algo porque muchas personas lo hacen (o creen). Está relacionado con el pensamiento de grupo o el comportamiento gregario.

• Efecto denominación: tendencia a gastar más dinero cuando está denominado en pequeñas cantidades (por ejemplo, en monedas) más que en grandes (por ejemplo, billetes).

• Sesgo de punto ciego: tendencia a no darse cuenta de los propios prejuicios cognitivos o a verse a sí mismo como menos sesgado que los demás.

• Percepción selectiva: tendencia en la cual las ansias, esperanzas o ilusiones afectan a la percepción.

• Efecto de cesión: tendencia de las personas a dar más valor a algo tan pronto como lo poseen.

•  Falacia del jugador: tendencia a asumir que eventos aleatorios individuales están influidos por eventos aleatorios previos. Ejemplo: “La moneda tiene memoria”.

• Sesgo de beneficio positivo: tendencia de algunas personas a predecir o sobrestimar la probabilidad de que le ocurran buenas cosas a ellos.

• Efecto superconfianza: tendencia a confiar demasiado en las habilidades propias o personales.

• Efecto el último evento: tendencia a ponderar y a dar más importancia a los eventos recientes en mayor medida que los eventos más lejanos en el tiempo, incluso en un mismo día.

Como veis, quizás la culpa no sea siempre de Goldman Sachs o del gobernante de turno. Esa cosa gris que tenemos dentro de la cabeza está llena de prejuicios y frecuentemente es nuestro peor enemigo.

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Edición Nº 14