Por Roly Boussy

     
Un viaje por nosotros mismos

Revisar los propios conocimientos y actitudes, es esencial para manejarse estratégicamente en las organizaciones y con la propia vida.

Propongo en esta oportunidad invitarlos a que hagamos un recorrido de pensamientos, pero guiados por distintos personajes.

De cada uno de ellos he tomado una expresión con la intención que nos lleve a la generación de una reflexión propia, que nos proponga una búsqueda, que nos siembre una duda que nos lleve a entender mejor el momento y el lugar que habitamos y nuestro rol dentro de ellos.

Vamos pues, ajústense los cinturones que tomamos la ruta.


¿Cuándo dejé de aprender?


Eric Hoffer:

“En épocas de cambio, quienes estén abiertos al aprendizaje se adueñarán del futuro, en tanto, quienes crean saberlo todo, se encontrarán maravillosamente equipados para operar en un mundo que dejó de existir”


La primera cuestión tiene que ver con la necesidad de seguir aprendiendo día a día, aunque uno crea haber aprobado ya todas las materias de la vida.

El día que dejamos de aprender, nos bajamos del tren que nos permite acceder a la renovada realidad cotidiana. Creo que uno de los factores más nocivos en el management actual es la aplicación de acciones derivadas de conceptos aprendidos en el pasado, en escenarios ya inexistentes y radicalmente diferentes de los actuales.

Aprender debe ser un factor primario en la gestión diaria, tomar cada elemento nuevo e incorporarlo en el libreto, interpretarlo e internalizarlo para generar respuestas nuevas, relevantes para la realidad que transitamos.

Tomar los paradigmas existentes como base del proceso creativo en el cual cada uno busque sus propias respuestas a los nuevos interrogantes que se plantean.

Cada conocimiento como inicio de una búsqueda y nunca tomarlos como el techo de lo posible, porque no sólo creo que lo mejor está por venir, sino porque muchas de las verdades existentes, han empujado a mucha gente al abismo.


¿Dónde queda el norte que no lo veo?


Séneca:

“Ningún viento resulta favorable para aquel que no sabe a qué puerto se dirige”.

La visión tiene otro significado, más allá del sentido que nos permite vincularnos a lo que nos rodea a partir de la incidencia de la luz sobre el entorno, aunque guarda relación con ello.

La visión es la que nos permite ver la realidad no en su expresión actual, sino en su potencialidad desplegada. Las cosas pueden ser diferentes y mejores, sólo es cuestión de tener esa visión orientando nuestras acciones. Ahora, así como el norte orienta a los viajeros, navegantes y aventureros, la visión debe orientar a todos en la organización, porque sin esa visión, el camino puede ser incierto.

La visión debe ser la referencia permanente, la que determina el camino y sobre todo la que nos permite convivir con una realidad poblada de imperfecciones y problemas que debemos soportar mientras la modificamos.

Ver las cosas como pueden ser, para actuar sobre lo que son en una transformación virtuosa permanente que, apuntando a la perfección, nos conduzca a la excelencia. La visión necesita ser pensada, definida, explicitada y comunicada.


¿Estrategia? ¿Para qué, si así estamos bien?


Claude Bernard:

“El que no sabe lo que busca, no entiende lo que encuentra.”


Si hay una palabra que debe estar incluida en el acervo empresarial es “estrategia”, sin embargo temo que son pocos los que realmente la utilizan concretamente para gestionar sus negocios.

¿Qué es y para qué sirve? Ni más ni menos que para determinar anticipada y racionalmente cómo ir desde la posición en la que nos encontramos, hasta la posición en la que deseamos encontrarnos dentro de algún tiempo.

Esta casi obvia definición implica tres elementos clave, diferenciados y secuenciales. En primer lugar, definir el objetivo, el puerto de llegada. Luego entender desde dónde partimos para llegar a ese puerto, quién, con qué y en qué estado. Finalmente el camino, el mejor posible que una ambos extremos.

Bajo el marco que nos otorga la visión, tenemos que hacer el ejercicio de pensar estos aspectos y definirlos con claridad, evitando miopías y miradas convenientes, porque la realidad no va a actuar de acuerdo con nuestra conveniencia, va a actuar de acuerdo con el propio ritmo de su naturaleza sin importarle nuestras intenciones.

El principal error del pensamiento estratégico es éste, mirar la realidad haciendo que todo cuadre con nuestra intención, con lo cual logramos “crear” una realidad ideal que al no hacerse real, hace naufragar nuestra estrategia.


 

Acerca del clima: visión vs. pronóstico


Walt Disney:

“Si puedes soñarlo, puedes hacerlo realidad. Es cuestión de convencerte, nada más”


Existe una diferencia sustancial entre los conceptos pronóstico y visión. En el primero, un sujeto observa los indicadores pertinentes, los proyectas y enuncia su estado futuro. Anticipa lo que va a pasar desde un lugar de espectador informado. La realidad presente se proyecta hacia el futuro de determinada manera.

Con estas nubes, viento, presión, etcétera, mañana lloverá.

La visión, en cambio, implica ver la potencialidad no evidenciada en indicadores, es ver lo posible aún latente, pero invisible y sin manifestación concreta. Es ver la realidad como podría ser, pero ahora desde el rol de protagonista, porque el visionario, a diferencia del pronosticador, trabaja a partir de esa visión, en su construcción, gestionando todo lo posible para lograr concretarla, creando las condiciones y eliminando o minimizando los obstáculos.

Anticipar o crear, espectador o protagonista, la diferencia entre ambas situaciones no pasará desapercibida, ni para el resultado del negocio ni para quienes tengan alguna responsabilidad en la organización.


Ver la realidad, la película actual, no la foto conveniente.


Thomas Elliot:

“No debemos dejar de explorar, y al final de nuestras exploraciones llegaremos al lugar del que partimos, y lo conoceremos por primera vez”.


Quienes ya hemos gastado varios pares de zapatos desarrollando nuestra profesión, solemos pensar que hemos visto todo, que ya conocemos todo, que no tenemos nada que aprender. La verdad es que la única virtud que tiene esta posición es la aparente comodidad, porque no tiene el más mínimo sustento.

En primer lugar es imposible ver todo lo que hay para ver, ya que siempre habrá una parte invisible para nuestra capacidad de percepción. Pero aun en el caso hipotético que tengamos una visión plena de todas las variables relevantes, el desafío es mantener una mirada dinámica y no quedarnos en una fotografía del pasado.

Todo cambia y lo hace vertiginosamente, entonces nuestra mirada no puede quedarse atrás, debe cuando menos, acompañar ese ritmo y en lo posible, anticiparlo.

Uno de los problemas más frecuentes que se nos presenta en este sentido es la “ceguera por habitualidad”. Cuando nos habituamos a ver algo, dejamos de mirarlo y en consecuencia, de verlo. Concepto válido para nuestro negocio, para la zona en la que lo desarrollamos, para nuestros competidores y también para nuestras esposas, ya que estar casados hace 20 años, no implica necesariamente saber qué le está pasando hoy.


En los tiempos de “In nova acción”


Anthony Anderson

“Si uno ha de crecer, simplemente no puede seguir haciendo el año próximo lo que hizo el año pasado”.


A partir de todo lo que acabamos de desarrollar se impone necesariamente la consideración del concepto innovación, también muy de moda por estos tiempos.

Ahora bien, ¿de qué se trata? Ni más ni menos que de hacer cosas diferentes, porque o bien queremos resultados diferentes o porque para lograr los mismos resultados nos veremos en la necesidad de variar según los permanentes cambios del contexto.

Todo se trata de acción y reacción. Quiero diferentes reacciones, pues debo imprimir diferentes acciones. Debo hacer cada día más, cada día mejor, cada día diferente.

Para quienes quieran saborear el amargo gusto de la frustración, analicen introspectivamente cuándo fue la última vez que innovaron. Ya es hora de guardar definitivamente la raqueta Wilson Jack Cramer (o la Dunlop Maxply), tirando la respectiva prensa ajustable que se usaba para que no se torciera. No, ya no se juega al tenis con esa herramienta. La analogía con las herramientas del negocio se las dejo para que las haga cada uno, si es que juntan el valor necesario.


Toffler, Einstein, Newton y Rogers, gran cuarteto.


Ralph Waldo Emerson

“La gente sólo ve aquello para lo que está preparada”.


No, no son los integrantes de una banda inglesa de rock sinfónico de los años ‘70. Son cuatro geniales analistas que se prepararon para ver lo mismo que todo el mundo veía, pero desde una perspectiva diferente y se atrevieron a realizarse preguntas sobre lo que veían.

Como dijo Bernard Baruch, “Millones de personas vieron caer una manzana, pero sólo Newton se preguntó por qué”.

Seguramente la mayoría de nosotros veamos, aproximadamente, las mismas cosas, pero pocos se preguntan por qué pasan las cosas que pasan.

No para todos los acontecimientos, pero para la gran mayoría de ellos, siempre hubo indicadores que anunciaban el inminente desenlace. Sólo unos pocos los vieron, o lo que es peor, de todos los que vieron esos indicadores, sólo unos pocos los interpretaron y actuaron en consecuencia antes del tsunami. El secreto está en la visión, una vez más.

Toffler nos advirtió que todo cambiaría cada vez más rápidamente. Einstein definió como una cierta forma de locura la intención de buscar efectos diferentes con acciones iguales. Newton enunció la ley que explica por qué tendemos a mantener nuestra conducta previa, a contramano de la saludable innovación.

Finalmente Rogers confirmó a Newton, evaluando nuestro comportamiento y llegando a la conclusión que la gran mayoría, casi las tres cuartas partes de nosotros, no innovaremos naturalmente, sino que lo haremos tarde o temprano, debatiéndonos entre los aventureros que nos marcan el camino y aquellos que pese a toda la evidencia disponible, no piensan modificar su conducta, aunque el naufragio sea inminente.

Seguramente ésta no sea la primera vez que leemos los enunciados de estos preclaros pensadores, pero la pregunta es ¿qué cambió cuando los leímos, qué cambiará ahora?

La respuesta está en nuestra mirada, no en el escenario. La respuesta está en nuestras acciones, no en nuestras intenciones.
Cierra esta etapa del viaje, la genial Anaïs Nin, con una reflexión poderosa, latiendo entre la fe y la resignación, mirándonos a los ojos, tratando de ver qué haremos a partir de aquí:


“La vida se encoge o se expande en proporción al coraje de cada uno”.

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Edición Nº 14