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El regreso de los desayunos poderosos

Son la base energética para estar bien provistos durante el día y evitar echar mano a alimentos generosos en grasas.

"Desayunar como un rey, almorzar como un príncipe y cenar como un mendigo", es una legendaria sentencia que en principio garantizaría que la ingesta diaria de alimentos no se traduzca en acumulación de kilos de más.

De hecho, desde siempre se puso el acento en el desayuno como primera comida y por ser la que nos proporcionará la base energética para desempeñarnos el resto del día. Una nueva batería de consejos para no engordar parece darle la razón al lejano consejo.

La idea es que desayunando fuerte y bien se evita una compulsión por la tarde a ingerir hidratos, que por ser consumidos a esa hora son bastante nocivos porque se acumulan lípidos.

Según los estudios, todo se debe a una hormona, el cortisol, que es abundante apenas amanece (lo que hace que muchos no tengan mucho apetito para desayunar), que hace trepar el azúcar en sangre para poder desarrollar las actividades del día, y que se extingue en la tarde noche, lo que genera ese deseo de comer.

Qué se recomienda entonces: que en el desayuno se ingieran hidratos de absorción lenta que se depositarán como fuente energética para abastecer nuestro desgaste. Se trata de glucosa y grasas con omega 3, que según las investigaciones, están llenas de virtudes.

Qué se recomienda entonces para el desayuno (entre las 7 y las 8): medio litro de leche descremada o cuarto de la común, bajo las formas de café con leche, té con leche o como licuado con frutas (¿el regreso del licuado de banana?). Si este menú no convence, se le puede agregar cereal o un buen yogur con colchón de frutas o cereal.

Se debe acompañar con 100 gramos de queso a elección, que incluye los untables sobre un par de tostadas.

Hecha la base energética, a lo largo del día seguirán otras tres comidas.

A las 11, un buen sándwich de pollo, jamón cocido o lomito, acompañado de un omelette con verduras. Un almuerzo que puede incluir pescado, pechuga o bife con abundante verduras. Y una cena si bien no de mendigo, bastante estricta basada principalmente en verduras, o ensaladas, y alguna sopa.

Aseguran que esta forma de alimentarse rompe con la "dictadura" de los procesos hormonales y genera resultados óptimos de cara a los meses estivales que están a la vuelta de la esquina.

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Edición Nº 14