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Basura con pilas

En la capital de Noruega, la electricidad y calefacción se obtiene de plantas cuyo combustible son los desechos. En Córdoba, un proyecto similar su frustró, aunque merecería otra oportunidad.

Cómo encender alguna luz de más y no tener remordimiento de estar consumiendo combustibles fósiles y contaminando el ambiente con las usinas que los emplean. La forma es la producción de energía a través de fuentes renovables como el agua, el viento o… la quema basura. Y en este punto Oslo, la capital noruega es un ejemplo. Allí la mitad de sus casi 600 mil habitantes reciben energía eléctrica y calefacción (algo tan indispensable en la península nórdica) de plantas que tienen como combustible los desechos propios y los que importan de Irlanda e Inglaterra.

Se quema de todo: residuos domiciliarios, industriales, tóxicos, hospitalarios y hasta cargamentos capturados de droga.

Aún cuando Noruega es un país con importantes reservas de gas, petróleo (tercer exportador mundial), carbón y dispone de más de mil plantas hidroeléctricas, los oslenses decidieron aprovechar su basura antes de enterrarla, quemarla en grandes hornos como en París sin que genere nada, o exportarla a otros países de la zona que también recurren a esta forma barata y renovable de producir energía.

Se entiende entonces perfectamente la iniciativa de los habitantes de Oslo. Aun cuando disponen de petróleo y gas barato, prefieren “disminuir el uso de combustibles fósiles” por una cuestión decididamente ambiental.

Ni siquiera la importación de basura encarece demasiado la producción de energía, ya que aseguran que “el transporte marítimo es barato”.

El principal problema radica en que cada vez son más las ciudades de Suecia (se quema toda la basura del país), Alemania y Austria que adoptan esta práctica, por lo que la demanda está superando a la oferta. En este momento las plantas del norte de Europa tienen una capacidad de procesamiento de 630 millones de toneladas de basura anuales.

En Córdoba una iniciativa en este sentido terminó casi en un escándalo años atrás. Pero si se considera los enormes problemas que significan para la ciudad encontrar un predio de enterramiento de desechos, ya que nadie quiere tener un vertedero cerca de donde vive, y las consecuencias ambientales de esta práctica en la tierra y el aire, tal vez el proyecto merecería una segunda oportunidad en caso de ser viable.

Los europeos del norte encontraron la forma de sentirse en armonía con el ambiente cuando iluminan o calefaccionan sus casas, y aunque parezca poco, en la cotidianeidad de cada individuo también aporta a la calidad de vida.

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Edición Nº 14